Un pedal de freno blando o esponjoso es una de las señales más claras de que el sistema de frenado no está funcionando correctamente. Si al pisar el freno notas que el pedal se hunde más de lo habitual, responde con retraso o no ofrece la firmeza normal, estás ante un problema que afecta directamente a tu seguridad.
¿Cómo es un pedal de freno blando?
Un pedal de freno blando suele presentar alguno de estos comportamientos:
- Se hunde demasiado al pisarlo.
- Ofrece poca resistencia o sensación “gomosa”.
- Necesitas bombear el pedal para que frene correctamente.
- El coche tarda más en detenerse.
- La frenada es irregular o poco precisa.
Principales causas de un pedal de freno blando
El origen del problema puede estar en distintos puntos del sistema de frenos:
- Aire en el circuito de frenos
Es la causa más común. El aire se comprime, a diferencia del líquido de frenos, provocando esa sensación esponjosa en el pedal. - Líquido de frenos deteriorado o en mal estado
Con el tiempo, el líquido de frenos absorbe humedad, pierde eficacia y reduce la presión hidráulica del sistema. - Fugas en el sistema de frenos
Pérdidas en latiguillos, pinzas, cilindros o bombín hacen que la presión no se mantenga correctamente. - Pastillas o zapatas excesivamente desgastadas
El sistema necesita más recorrido del pedal para generar la frenada necesaria. - Fallo en la bomba de freno
Si la bomba principal no genera la presión adecuada, el pedal se vuelve blando y poco efectivo. - Problemas en el sistema ABS
Un fallo en el módulo ABS o en sus válvulas puede alterar la presión del circuito.
Riesgos de circular con el pedal de freno blando
Conducir en estas condiciones supone un riesgo elevado:
- Aumento de la distancia de frenado.
- Pérdida de control en frenadas de emergencia.
- Riesgo de fallo total del sistema de frenos.
- No superar la ITV por defecto grave.
- Mayor desgaste de otros componentes del sistema.


